domingo 15 de agosto de 2010

Lanzamiento de la Casa de los Sueños en Valparaiso


Fotografías de Pensilvania Lara


El 13 de agosto recién pasado en el Restaurant "Carpe Diem", en subida Cumming N° 107, el grupo de Amigos de Eduardo Vivian Badilla, el Melki, junto a Kawell Kelun editores, lanzamos oficialmente el libro La casa de los Sueños. "Libro que nació de la fuerza y tesón que tuvo su autor, recluido en la cárcel de Angol". Asistieron aproximadamente unos 30 amigos y amigas de Eduardo pertenecientes a distintas agrupaciones sociales y organizaciones políticas de la izquierda de la Quinta Región, como así también quienes lo conocieron en su etapa de estudiante universitario.

"Eduardo nos ha dado pruebas de que se pueden hacer las cosas y construir un proyecto de crecimiento intelectual dentro del penal".

La editorial agradece a los amigos Melki, y a todas y todos quienes hicieron posible este trabajo, en especial a Patricia Martínez la señora de Eduardo, a Eduardo y a los compañeros y compañeras de Valparaiso.


Entre comillas, palabras de una de sus amigas y asistentes al evento

sábado 14 de agosto de 2010

Kawell Kelun: La importancia de una editorial colectiva sin fines de lucro


por Fesal Chaín

En agosto de 2009, escribíamos sobre Kawell Kelun editores, y nos planteábamos como una editorial comunitaria y de resistencia cultural. Planteábamos junto a René Acevedo que ser una editorial comunitaria, significaba basarse en esfuerzos y aportes colectivos, tanto en el ámbito literario como en el financiero. De esta manera explicábamos que todos los libros que publicamos son producto del trabajo y esfuerzo de grupos que realizan actividades de carácter financiero y cultural, que les permitan publicar títulos de autores individuales o antologías. También afirmábamos que la editorial no obtiene utilidades netas, sino que cobramos honorarios por nuestro trabajo de edición. Finalmente planteábamos que somos una editorial desde y para la resistencia cultural, ¿Qué significa esto? Que somos editores que priorizamos autores y colectivos culturales críticos al actual sistema de dominación económico, político y social, y que optamos por ser un medio de expresión de los cientos de creadores chilenos y de América Latina, marginados de los circuitos oficiales y de la cultura institucional.

Esta primera mirada no ha cambiado, sino que fruto de nuestro trabajo ininterrumpido de 2 años, se ha ido profundizando. En agosto de este año 2010 planteamos que Kawel Kelun editores es fundamentalmente una editorial desde los sectores sociales postergados y discriminados, y reafirmamos la opción de trabajo en el ámbito de las Antologías, porque justamente permiten a bajo costo individual para cada creador y creadora, mostrar su trabajo y hacerse visibles en el imaginario cultural chileno y sudamericano.

Así hoy , priorizamos tanto los libros individuales pero de esfuerzo colectivo y los libros de grupos de escritores y escritoras. Gracias a la definición de amigos y amigas que participan de la iniciativa, podemos afirmar efectivamente que nuestro trabajo editorial contiene proyectos de vida, compromisos sociales y humanitarios. Nuestros libros se plantean entonces, elevar y contribuir al progreso personal y social, como un aliciente que eleva la auto estima y una vida digna de quienes pertenecen al pueblo. De esta modo los proyectos de los libros colectivos son una declaración de amor y un compromiso con la palabra tantas veces silenciada.


viernes 13 de agosto de 2010

Libros colectivos


Como dijera nuestra amiga escritora Jeannette Montoya, participante de la Antología de Mujeres de Kawell Kelun editores: "Al pueblo no se le da promesas, al pueblo se le da proyectos de vida, compromisos de amor, sociales, humanitarios. El pueblo no quiere seguir la huella caduca quiere trazar sus propias lineas. (Así) el trabajo (...) concreto de proyectos que nos elevan y contribuyen al progreso personal y colectivo, es un aliciente que eleva la auto estima de todo el pueblo y eso a su vez da la fuerza para luchar por el mismo objetivo, una vida digna!!! (...)Los proyectos de los libros colectivos son una declaración de amor y compromiso con la palabra. Aquí estamos sigamos siguiendo".

jueves 12 de agosto de 2010

Kawell Kelun editores, una editorial desde los sectores sociales postergados y discriminados


Actualmente Kawell Kelun editores realiza actualmente una Antología de Mujeres, las grandes discriminadas de la literatura nacional y sujetas de violencia y exclusión, sumado a esto hemos publicado: La Casa de los sueños, de Eduardo Vivian Badilla, un poeta preso en Angol, Antología de la Locura de Miguel Edwards, una suma de trabajos de los "locos" como les gusta denominarse a ellos mismos, del Hospital Psiquiátrico de Playa Ancha, Manifiesto del Bicentenario de Mario Aguilar Benítez, una mirada absolutamente distinta y crítica del Bicentenario oficial. Además hemos publicado a poetas mujeres y hombres excluidas de los circuitos institucionales, oficiales y de las grandes o medianas editoriales, que no l@s contemplan en la medida que supuestamente no son venta, así sacamos: El Mar de los poetas, Antología Sudamericana. Nos dedicamos justamente a los sectores sociales postergados y discriminados y todos estas iniciativas con la participación activa y aportes financieros directos de cada uno de los escritores y escritoras. Desarrollamos preferentemente las antologías, porque permiten a bajo costo individual para cada creador y creadora, mostrar su trabajo y hacerse visibles en el imaginario cultural chileno y sudamericano.

sábado 7 de agosto de 2010

ANTOLOGÍA DE LA LOCURA, DE MIGUEL EDWARDS.


En los próximos días saldrá a la venta la 2º edición de un libro ya mítico entre los porteños y en muchos círculos underground del gran Santiago, hablamos de la Antología de la Locura, de Miguel Edwards Rosas, poeta nacido en Santiago, pero criado y formado en sus primeras artes en Valparaíso. Les dejamos para su deleite el prologo de esta Antología, editada por Kawell Kelun Editores y que esperamos pronto puedan tener el privilegio de leer.


Prólogo.

La tarea emprendida en esta “Antología de la Locura” realizada por el poeta Miguel Edwards Rosas, es a la vez titánica y desoladora. En ella un grupo de internos del Hospital Psiquiátrico Salvador de Valparaíso, nos comunican sus sufrimientos, genialidades y en especial sus grandes actos de amor y creatividad

Por sus páginas se puede percibir la desesperanza, el olvido, la tristeza, y sobretodo la soledad inenarrable de personas que comparten su confinamiento, pero también su pasión por la poesía y el arte.

Saben que su “tratamiento” es complejo a decir lo menos, que su “diagnóstico” es estigmatizador y que su “recuperación” es incierta. Sin embargo, quizás su mejor terapia está acá en las letras, como un refugio espiritual, como una manera de transmitirle al mundo sus visiones más esenciales. Es también su desahogo, un sahumerio para ahuyentar a los fantasmas.

Los locos son los parias, los olvidados de este mundo, o mejor dicho, aquellos a quienes se prefiere no ver. Los locos ya no son los médicos brujos de la antigüedad, ni los magos ni los genios, pero si a eso le agregamos la condición de pobreza y abandono de los aquí retratados, tenemos un resultado de total olvido y discriminación.

Como nos dice Michel Foucault: En el medio del sereno mundo de la enfermedad mental, el hombre moderno no comunica más con el loco: hay por un lado el hombre de la razón que delega hacia la locura al médico, no autorizando así más relación que a través de la universalidad abstracta de la enfermedad; por el otro el hombre de la locura que no comunica con el otro más que por intermedio de una razón totalmente abstracta, que es orden, compulsión física y moral, presión anónima del grupo, exigencia de conformidad. No hay lenguaje común; o mejor dicho no hay más; la constitución de la locura como enfermedad mental a fin del siglo XVIII, supone la constatación de un diálogo roto, da a la separación como ya admitida, y hunde en el olvido todas esas palabras imperfectas, sin sintaxis fija, un poco balbuceantes, en las cuáles se efectuaba el intercambio entre la locura y la razón. El lenguaje de la psiquiatría, que es monólogo de la razón sobre la locura, no ha podido establecerse más que sobre tal silencio.

Podríamos argumentar a partir de esto que los locos son alejados de su sitial místico a partir del endiosamiento de la “cordura” y pasan en definitiva a ser tratados como enfermos, luego domesticados y finalmente condenados por los “otros” (los cuerdos) a la dictadura de la razón, dictadura mediante la cual hacer valer sus privilegios, dejando en extinción a los médicos brujos o gurús de antaño, en especial si contravienen severamente el establishment. Algunos de los prisioneros de este nuevo orden, rescatados por Miguel Edwards, son precisamente los artistas que podemos encontrar en las líneas de esta antología.

En los versos plasmados aquí tenemos el grito y la amenaza de Danilo Pantescu Zapata, que es finalmente una súplica para ser escuchado: Este no es lugar para mí, de lo contrario volveré a matar a golpes, o simplemente con un grito, y un grito mío es terrible.

Por su parte Ximena Rivera le dedica sus versos a una hija que tal vez ya no quiere recordarla o que ha invertido los papeles cuidándola en su desgracia: Yo sueño volver a la tranquilidad/ sin Arcángeles furiosos/ y sin el tiempo que hace daño,/ya se me pasará nanita/ y seré entonces la misma de siempre/ la de todos los días.

Fredy Zeballos nos plantea un nuevo cosmos, un nuevo génesis en sus textos de Hijo del Infinito. -La vida como un estado de organización, la inteligencia como un estado de conciencia existieron antes del principio y del tiempo en la forma de “El-Ohim-Ruh” la energía original /- El tiempo tuvo principio como el Universo que navega en las aguas del tiempo cuando éstas se sequen el Universo desaparecerá como tal.

Ignacio Briceño Palma, autor de las brillantes ilustraciones de esta antología, nos emociona con sus versos, llenos de una luz melancólica y sobrecogedora: El Trapecista. Da la vuelta sentimiento/ una vuelta entera /hasta entrar en tu propio girar. /Ha caído el trapecista/ y en la arena quedó su cabeza sin vida/ ha muerto el acróbata/ el circo está de duelo /…”la función debe continuar”…

Miguel Edwards construye a través de este caleidoscopio, más de grises que de colores, una mirada cercana a la realidad de los pasillos del Hospital Psiquiátrico de El Salvador, algunas de sus realidades, de sus alucinaciones que nos acercan hasta el otro lado del límite que divide locura y cordura, esa delgada línea que tanto le gusta transitar, cual obsesivo trapecista literario.

Finalmente, junto a ellos, y sólo por mencionar algunos de los muchos interesantes textos de este libro, un enfermero del hospital narra la historia de uno de sus internos en el relato “Iorana”, acerca de un desterrado de la Isla de Pascua. Sumado a esto, el sicólogo y poeta Alejandro Pérez nos detalla algunos pormenores de su propia estadía al otro lado del espejo en su relato “La Silla”, del cual les dejamos acá un breve botón de muestra, para que comiencen a adentrarse en esta lectura y puedan deleitarse obviando aquí, momentáneamente al menos, las reglas del “sano juicio”:

Babel eterna entre tú y yo, que no nos distinguimos del origen, encerrados. El laberinto es real. Lo soñé. Otro que sueña ahora. Las olas me arrastran. Navegaciones. Habitaciones. Tentaciones. Inmersiones, emociones, agresiones, maldiciones, intoxicaciones, defunciones. Entre tú y yo: saldremos de esas tumbas y sembraremos nuevamente la vida. Aspiraciones, negociaciones, invenciones, negaciones. Entre todos podríamos acabar con el mundo. Cuando era niño, vi correr la sangre.

René Acevedo y Fesal Chain, Kawell Kelun Editores, junio de 2010.

jueves 5 de agosto de 2010

LA DESCONOCIDA HISTORIA DE MIGUEL EDWARDS, “EL LOCO DEL CLAN”


La Nación Domingo por Claudio Pizarro
11 Sep 2005


“A mí la familia no me tira, me tira más la calle"

Si Joaquín Edwards Bello fue tildado por sus parientes como “el inútil”, Miguel Edwards Rozas, bien podría ser su heredero natural. Místico, anarquista, karateca, hare krishna, performer, antologador, fotógrafo y poeta, este miembro de una de las familias más poderosas del país, asume sin complejos su condición de loco, habla de su parentela y de un mítico libro que publicó hace 11 años.

Aunque sabía que era más probable encontrarlo en la calle, lo busqué en al menos dos casas donde me dijeron que vivió durante algún tiempo. Lo había visto muchas veces, sin percatarme que el simio que tenía frente a mis narices, y que de repente me apuntaba con una pistola, era la persona a quien tanto buscaba. La gente se aterrorizaba, huía al ver a un orangután disparando a los taxistas, deteniendo el tránsito y blasfemando a diestra y siniestra. Más de alguna abuelita corrió serio riesgo de un patatús en plena calle. Pero aquellos que lo habían visto otras veces se reían de buena gana con las gracias del monito.

Nunca fuimos amigos, pero habíamos conversado un par de veces en un sucucho de la subida Ecuador, en Valparaíso. Me ofreció un libro autoeditado con monedas de peso pegadas en la portada y un cáñamo que unía las hojas. Parecía una lechuga fresca recién anudada. “Cuesta luca”, me dijo, “es una recopilación de textos de pacientes en tratamiento siquiátrico. Se llama ‘Antología de la locura’”. Era una poesía cruda, afilada y visceral, como un trueno que espanta y se cuela en las fibras solapadamente.

Ahora el libro está de nuevo en mis manos y Miguel Edwards, por fin, frente a mis ojos. En otra ciudad, después de seis años, nos encontramos por casualidad afuera de un supermercado. Esta vez no llevaba máscara ni pistola de fogueo.

CON EL TÍO AGUSTÍN

Después de un extenso viaje realizado con un maestro hare krishna por diversos templos del norte del país, Miguel Edwards recaló en Santiago, en el Hospital Psiquiátrico de avenida La Paz. Me recibe en su “oficina”, un restaurante de comida china ubicado en avenida Independencia, pide una agua de hierba (está chantado hace dos días) y me invita un café.

-¿Los Edwards en este país no deben ser muchos?

-Son muchos más de lo que se cree.

-Entonces, cualquier semejanza con la vida real no es mera coincidencia.

-Para nada. Soy primo en tercer grado de Agustín Edwards Eastman. Mi padre, Hernán Edwards Sutil, que fue gerente general de Cemento Melón, era tío de él en segundo grado y primo de Agustín Edwards McClure.

-O sea, estoy hablando con un auténtico descendiente del clan.

-Descendiente de los Edwards, sí; pero no pertenezco a ningún clan. Una vez le mandé una carta a Agustín donde le decía que se había apropiado del apellido y que por eso todo el mundo calificaba a cualquier Edwards como miembro del clan. Cosa que no era cierto porque había muchos otros, como Joaquín, que dijo que si hubiera sido hijo de una lavandera sería comunista.

-Si Joaquín era el inútil de la familia, ¿quién es Miguel Edwards?

-Simplemente, el loco.

-¿Te molesta, entonces, que se los meta a todos en el mismo saco?

-Es que no todos son ricos y poderosos, ni dueños de diarios, ni de bancos. Claro, que fueron colaboradores de la CIA, defensores del régimen militar, ultraconservadores y que tienen la plata escondida afuera.

-Pero la familia es la familia.

-A mí la familia no me tira, me tira más la calle. Si no fuera porque necesito plata y medicamentos no los visitaría, salvo a mis hijas.

-¿Y al primo Agustín en caso de emergencia?

-Apenas lo conozco. Mi padre no se relacionaba con él porque trabajaba para el Grupo Matte y murió cuando yo era muy chico.

-Pero alguna imagen tendrás del caballero...

-Un día domingo me senté frente al Teatro Municipal, en una plazoleta afuera del Banco Edwards. Al lado mío se sentó un caballero de edad, canoso, con bastón y vestido de blanco. Estoy seguro que era Agustín Edwards. Como andaba sicotizado me acerqué y le dije: ¿cómo está, tío? Bien, hijo, me contestó, y nos pusimos a conversar. De repente se me ocurrió preguntarle si lo estaban cuidando los del OS7 o Paz Ciudadana, y me responde que sí, que estaban por todos lados.

-¿Te asustaste?

-No, le pedí que me invitara a un juguito, pero me dijo que andaba sin efectivo.

-¿Y a Jorge Edwards, lo conoces?

-Una vez conversé con él en la Feria del Libro de Santiago. Le pregunté derechamente si éramos parientes y me dijo que sí. Lo encontré sencillo y buena onda. Lo imaginaba más acartonado, pero andaba con una pinta súper “cachual”. Incluso aceptó sacarse una foto conmigo, y al año siguiente volví a la Feria del Libro para vendérsela, pero no lo encontré.

-¿Qué pensaste cuando secuestraron a Cristián Edwards?

-A pesar de que soy de izquierda, me dio mucha pena, sufrí bastante. En ese tiempo yo vivía con unos amigos en Cerro Alegre. Estaba más descompensado que la cresta, pero igual hacía danza africana y capoeira. Cuando leí en el diario que lo habían soltado me puse súper contento. Incluso, después me ofrecí de voluntario en Paz Ciudadana.

-¿En serio?

-Les mandé una carta con mi currículum y me contestaron que por el momento no requerían mis servicios, pero que me avisarían en caso de emergencia.

TERRORISTAS DE LA LOCURA

Mientras el dueño del restaurante, un tipo de unos 50 años, se ríe a carcajadas con una comedia gringa que pasan por televisión, Miguel pide otra corrida de infusiones a la camarera y ordena que la sumen a su cuenta personal. Bebe despacio, sin apuro, con un interminable cigarro adosado al cenicero y la mirada fija en una fotocopia anillada de la “Antología de la locura”, un clásico underground porteño, que cumple este mes 11 años de ignorada existencia.

-¿Podrías rememorar cómo nació el libro?

-En esa época quería hacer una antología sobre poetas surrealistas, pero Gregorio Paredes, un viejo anarquista de la V Región, me dijo que eso estaba trillado y me sugirió que hiciera un libro sobre las obras de mis compañeros del Hospital Psiquiátrico de Playa Ancha. Así empecé a recopilar cuentos, poemas, cartas, dibujos, hasta que tuve suficiente material como para publicar el libro.

-¿Cómo estructuraste la obra?

-No hubo un criterio específico, pero sí influencia del azar, como los cadáveres exquisitos surrealistas. La arbitrariedad del montaje me permitió no sólo revelar facetas creativas, sino también cuadros siquiátricos.

-Por eso incluiste parte de las fichas médicas como presentación de los antologados.

-Lo hice porque el diagnóstico me permitía mostrar la crudeza, lo terrible. Sobre todo cuando hay maltrato, abandono y desamor. En el fondo quería mostrar una propuesta contestataria, provocar al lector.

-¿Aunque para algunos parezca una estrategia un tanto morbosa?

-Por qué va a ser morboso si es algo real, tendría que ocultar que hay dos asesinos en el grupo. Uno mató a palos a su mamá y el otro la enterró en el patio de su casa y en la cárcel escribió un hermoso poema de arrepentimiento, pero cuando salió del encierro tuvo una crisis y volvió a matar.

-Hablas como si intentaras justificarlos...

-No deseo justificar a nadie. No se trata de un asunto moral. En el fondo está el tema del médico que le dio el alta. Si el tipo era peligroso y ya había asesinado a su madre. Por eso ya no debemos hablar de un juicio universal a la siquiatría, sino hablar de siquiatras y pacientes, con nombres y apellidos.

-¿Existe algún patrón común que se reitera en la obra?

-La locura no se puede uniformar. Sin embargo, en esta obra percibo mucha rebeldía, incluso alguna al borde de la violencia verbal. También hay mucho humor, desenfado, una cuota importante de arrepentimiento y cierta vena autobiográfica. Las mujeres son más emocionales; los hombres, místicos, de una religiosidad apocalíptica. Pero todos poseen una imaginación extraordinaria.

-¿Cómo se reconocen los locos?

-Los locos tienen en común una cierta conformación química y cerebral que los hace parecer una etnia distinta, con su propia cultura y códigos. Es una especie de arquetipo mental que los envuelve y que si perseveras en él puedes caer en depresiones, manías, fijaciones, como tomar café y fumar como chino.

-¿Cuál es la locura que el loco percibe en la sociedad?

-El desamor por la frialdad, el cálculo, la concentración en sí mismo y la estupidez por el terrorismo, los militarismos, los paquismos, los tiranismos, y todos los ismos habidos y por haber.

-¿Por qué siempre en la trastienda de la locura se percibe que los locos son seres profundamente religiosos?

-Lo que pasa es que cuando uno está en estado de crisis sicótica o esquizofrénica se desordena demasiado, no tiene capacidad de concentración ni de orden. Por eso el loco, para sobrellevar su caos, antepone un teos, una religiosidad para poder ordenarse.

-¿En qué consiste esa religiosidad?

-Nuestros sacerdotes son los siquiatras, los acólitos los enfermeros, y cada uno de nosotros es parte del rebaño que comulga con pastillitas.



Poemas escogidos de “Antología de la locura”
CARTA A UNA MAGISTRADA

Solicito urgente ser llevado fuera de esta cárcel
a una celda de las FFAA o iglesia,
en total secreto

Si usted no actúa, maldita sea,
este no es un lugar para mí.
De lo contrario volveré a matar a
golpes, o simplemente con un grito,
y un grito mío es terrible (...)

Solicito entrevista secreta con Pinochet.

Ustedes no aman la justicia, aman el
sucio dinero.

El tigre sabe el momento de volver a matar.

(Danilo Pantescu. Esquizofrénico paranoico. Estuvo internado en el Instituto Horwitz en Santiago y dos años recluido en la cárcel por asesinar a su madre a palos).


LA MÁS POBRE DEMOSTRACIÓN DE AMOR

Te seguiría, Valeria, por todas partes
desde Barrancas hasta Pudahuel,
y te llevaría al centro donde hay hermosas tiendas
con banderas y pancartas
para que te distraigas,
para que se te pase (....)

(Ximena Rivera. Esquizofrénica. Vive en un hogar para pacientes siquiátricos).

Nuestros próximos 2 libros

Durante este mes saldrán a circulación dos libros de Miguel Edwards editados por Kawell Kelun editores. En palabras del autor : "ya están a las puertas mis próximos libros, están a las puertas del horno tanto la ANTOLOGÍA DE LA LOCURA segunda edición como LAS BREVES RESEÑAS DE MI LOCURA, con mi teoría de "la" locura y de "mi" locura y con mas de veinte relatos poéticos de locos de playa ancha". Miguel celebra estas dos ediciones pues con ellas le dice al Mundo chileno y literario: "MIS LIBROS SON DE LA LOCURA, LOCURA QUE SE ENCIERRA, QUE SE ELECTROCHUCA, QUE SE EMPASTILLA, QUE SE NEUROPTIPLICA".